La máquina


Cuando alguna vez visité al último abuelo sabio maya Lacandón de Nahá, Chan Kin Joven, me comentó de Ak Yah Tóh, una divinidad que me decía -"Todos los demás mexicanos creen en Ak Yah Tóh. Yo soy el único que aún cree en Hach A Kyum, el verdadero creador"

-"y ¿quien es Ak Yah Toh?" le pregunté. Pausando para pensar largo rato, no encontraba cómo traducirlo. -"el dios de las máquinas" me contestó.

Muchos se tomarán ésto a la ligera, pero yo no. El abuelo maya tiene razón. Ya nadie cree en el verdadero creador, y todos son adoradores del dios de las máquinas. El verdadero creador, para los Mayas, y para mí, es la naturaleza. Es lo que adoro y lo que busco. Es mi medio, mi sustento y mi destino. Lo más elevado espiritual, está  en la naturaleza. Pero ya nadie cree en ella.


Muchos la defienden y cargan consciencia sobre de ella. Pero raro es quien no adora, no cree, no sigue, el dios de las máquinas, la máquina.

Nos está matando, a todos, como nunca, es insoportable, es incomprensible, es abrumador. Tanto que no nos permite la cordura, de reaccionar.

Y no queda más que seguir siendo parte. No somos culpables, somos víctimas, tanto que ni sabemos que existe, lo divino, el creador.

Así nos han educado, sin magia, sin felicidad, en el puro aprieto, en el estrés, en la toxicidad, la carencia, la escasez, la chatarra, chatarra intelectual, espiritual, que no nutre, que enferma.

Así es el mecanicismo, el ateísmo, el mismo socialismo que lucha sin luz, sin sentido, sin destino, porque el destino es lo divino, y lo divino, es la naturaleza. En la máquina todo es un producto, un efecto, un fenómeno. Es física, material, de leyes y algoritmos. No se puede salir de su algoritmo, no puedes romper las leyes de la física, es imposible. Las cosas son cosas, no son sujetos, nada tiene significado, nada es simbólico, nada es metafórico, todo es literal.

No todos quieren naturaleza, muchos, a pesar de su consciencia, buscan la máquina. Es muy adictiva, y muy poderosa. -"Ak Yah Toh es muy poderoso, hay que tenerle respeto, más poderoso inclusive que Hach A Kyum" agregaba el abuelo Chan Kin. La máquina es dueña de casi todo lo que nos educan, que nos alimentan, con lo que nos forman, lo que nos recetan en entretenimiento, en medicina, en cultura del espectáculo, en las mismas artes que reproducen una narrativa de un sentido divino anti-divino.

El pensamiento, la forma de ser, de pensar, la ley, lo establecido, lo que se reproduce y reproducimos sin criterio es el sistema, el pensamiento de la máquina. Aquella lo ve todo como un producto, un objeto, un proceso. Ése proceso es logocéntrico, es mecánico, es comprobado por la ciencia.

Ya no existe la magia, la divinidad, aquél mundo que no es así, que no es de una máquina, un proceso, con una lógica y razón, con explicación. Desencantada, ausente de ser, de espíritu, de sentipensar.

Aún así, lo divino no deja de ser, y nos sorprende con lo imposible, lo inexplicable, lo inimaginable. Y aún así no respondemos, no despertamos, no vemos que hay una sola salida, una sola dirección: la naturaleza.

La máquina no va a desaparecer, nos daremos cuenta. Y entrar en ella para desmantelara, tiene sentido. Si éso elegimos, de igual manera habrá que dejar de creer en ella, y de adorarla. Descubriremos cuantas cosas adoramos que son de la máquina; que en verdad, la adoramos y nos hace adorarla; somos no sólo sus esclavos físicos, sino sexuales y espirituales.

No se puede adorar a la naturaleza y a la máquina, no creo, éso es enfermo, y éso nos enfermará espiritualmente. Sanando así nosotros, dejando de adorarla, la sanaremos a ella también, a nuestra madre, y encontraremos también, las rutas de escape y las guías para desmantelar la máquina.

Habrá quien cree que la máquina no puede desaparecer, que es invencible, que es necesaria, y si piensan así es es porque son parte del cerebro de la máquina, de lo que la sustenta, que la fortalece.

Su mismo pensamiento dice que no hay sujeto, que la existencia no es un ser, no hay divino, no hay dios, es un proceso, es un universo, que viaja por el tiempo, que todo es parte de un proceso, que no hay nada que hacer.

Pensar así nos quitará la consciencia de nuestro poder de que nosotros somos el sujeto, somos, podemos ser, el cerebro de la madre, de la naturaleza, de lo divino, del verdadero creador. Podemos cambiar nuestro destino, que somos parte del pensamiento, de la creación, que somos los creadores, existimos.

Es cuestión de a quién adoramos, a quien alimentamos, a quien dedicamos tiempo, quien nos inspira realmente.

Retomar aquello significa, obviamente, salir de la zona de confort, y según el pensamiento de la máquina, hacer lo imposible, lo irrazonable, lo ilógico. Es emprender de nuevo, a aprender, desde la nada, reconocer, que no sabemos casi nada, que vivimos engañados, una y otra vez, y es nuestra propia mente, nuestro propio sistema, lo que nos engaña.

Políticamente, de la misma manera, debe morir el pensamiento de la máquina, de que todo se sabe, de que estamos en la ciencia, en la certeza, en un mundo avanzado, y que el sistema funciona, y puede funcionar. Que la economía funciona, que debe crecer, que debe haber desarrollo, que debe haber trabajo, empleo.

Esa es la misma máquina, corrupta, disfuncional, virulenta, que nos convence cuando en defensa de lo justo, de la justicia, de lo humano, luchamos por modificarla, por mejorarla. Los valientes que en la política se adentran, pronto caen en las tentaciones de la máquina, pronto les convence de que es más poderosa, de que debe estar y de que debe continuar. Asombroso es que no exista un partido, un político, que sepa ésto, que tenga ésta visión, que tenga claro que el modelo de desarrollo industrial es de la prehistoria, que un futuro es un futuro en la naturaleza, con la vida, cultivando alimentos, siendo felices, desarrollando nuestra humanidad, no nuestra supuesta, aparente y nefasta comodidad.

La máquina no da elementos ni para imaginar que ésto es posible, y que además no es tan difícil, que está aquí de cerca, en la tierra; no en marte, no en la partícula subatómica.

Al no poder imaginar, ni soñamos y perseguimos un sueño desechable, de obsolescencia programada, de altos contenidos de sustancias cancerígenas.

Es por la magia de encontrarte aquí leyendo, que es posible llegar, es posible despertar y unirnos. Ven, vamos a caminar hacia la naturaleza, hacia lo divino, conozco varios caminos.

#NativeJourney #CaminoRojo #SacBe #KhapaqÑan #SumaQamaña

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