La estupidez es peor que el mal, es la elección voluntaria de la ignorancia para beneficio instantáneo y en detrimento de cualquier posteridad. Como fenómeno más destructivo que el propio mal, se ha metastatizado en un sistema que carcome a morir todo aquello que está vivo en este planeta.
Ejemplos son todos, pero veamos el siguiente. La tecnolatría nos trajo aparentes ventajas como la capacidad de poder reunir en cuestión de días "firmas" o acuerdos desde huellas digitales para causas específicas. La tecnología permite agilizar ese proceso de manera que millones de personas alrededor del mundo puedan ponerse de acuerdo dentro de un breve periodo de tiempo en una petición que les parezca urgente o, al menos, demostrar el estar de acuerdo.
Con esta metodología se ha logrado, con limitaciones, cancelar o detener proyectos que fueran dañinos para el medio ambiente y otras tantas formas en que el demostrar que una cantidad suficiente de personas apoya la petición. No es la única palanca, pero sirve de gran peso moral para lograr objetivos.
Pensar que este mecanismo se usara para detener las guerras y la continuidad de un modelo civilizatorio tecnofascista —en donde cada vez más personas están peor y más territorios están deteriorados, contaminados o destruidos, a cambio de que unos pocos tengan más poder totalitario—. Podría hacerse una campaña así, pedir que se detenga el saqueo sistémico por parte de los oligarcas, empecemos con quien quieran, pero no.
Resulta que la petición más grande en la historia de las peticiones es que Argentina sea expulsado de los mundiales. Algo que es completamente intrascendente y que raya en el ridículo extremo de la estupidez. Es un excelente ejemplo del poder de control mediático y mental, que se nutre de la extrema estupidez que el mismo sistema, para funcionar, ha producido. Seguro tienes título de ello.







